Durante la mayor parte de nuestra evolución, viajábamos usando… las piernas. Pocas cosas más naturales hay para los humanos que caminar. Y es una actividad que adoro. Por eso me ha resultado muy interesante un estudio publicado en la revista JAMA que mostró que la velocidad al caminar a los 45 años es un potente biomarcador de salud cerebral, función cognitiva y envejecimiento biológico. Las personas que caminan rápido tienen un IQ promedio 16 puntos más alto que el de las que caminan lento, sus rostros parecen más jóvenes y sus cerebros tienden a ser más grandes.
El trabajo, titulado “Association of Neurocognitive and Physical Function With Gait Speed in Midlife” (Asociación de la función neurocognitiva y física con la velocidad de la marcha en la mediana edad), fue realizado por un equipo internacional liderado por Line Jee Hartmann Rasmussen y Terrie Moffitt, usando datos del famoso Estudio Dunedin de Nueva Zelanda.
Este estudio longitudinal siguió a más de 1.000 personas nacidas entre 1972 y 1973 desde su nacimiento hasta los 45 años. A esa edad midieron la velocidad de su marcha (caminata normal, caminata con una tarea dual y caminata máxima) y la relacionaron con múltiples indicadores de salud cerebral, física y de envejecimiento.
Los hallazgos más impactantes
Los investigadores dividieron a los participantes en quintiles según su velocidad de marcha. Los resultados son impresionantes:
- Diferencia de 16 puntos de CI (IQ): Las personas del quintil más rápido de marcha tenían, en promedio, 16 puntos más de coeficiente intelectual que las del quintil más lento. Esa diferencia equivale a más de una desviación estándar y se mantenía incluso después de ajustar por sexo, longitud de piernas, composición corporal y nivel socioeconómico en la infancia.
- Caras más jóvenes: Quienes caminaban más lento parecían biológicamente más viejos. El quintil más lento envejecía a un ritmo acelerado (5 años más rápido entre los 26 y 45 años) y sus rostros eran calificados como notablemente más envejecidos en fotografías estandarizadas.
- Cerebros más grandes y sanos: La marcha más rápida se asoció con:
- Mayor volumen cerebral total
- Mayor grosor cortical
- Mayor superficie cortical
- Menos hiperintensidades en la sustancia blanca (señales de daño cerebral)
- Salud cerebral desde la infancia: La velocidad de marcha a los 45 años ya se podía predecir por la salud cerebral a los 3 años y por el declive cognitivo desde la niñez hasta la adultez. Es decir, la forma de caminar en la mediana edad refleja décadas de salud cerebral acumulada.
¿Por qué importa esto?
La velocidad de la marcha no es solo un indicador de “estar en forma” o de riesgo en personas mayores. Este estudio demuestra que ya a los 45 años es un espejo de cómo ha envejecido nuestro cerebro y nuestro organismo completo.
Los autores concluyen: “La velocidad de la marcha en la mediana edad puede ser un índice resumido del envejecimiento a lo largo de la vida y de posibles déficits en el sistema nervioso central desde la infancia.”
En otras palabras: caminar rápido no es solo cardio. Es un hábito que refleja (y posiblemente ayuda a mantener) un cerebro más grande, más joven y más eficiente.
Ten en cuenta que es un estudio observacional: muestra asociaciones muy fuertes, pero no demuestra causalidad directa. Obviamente no podemos decir que “caminar más rápido te sube el IQ”. Esto probablemente se debe o a que mayor IQ, por algún motivo, favorece andar más rápido, o a que hay una tercer factor que causa ambas cosas (caminar rápido y mayor IQ).
Pero sí que sugiere que mantener una buena marcha protege o refleja mejor salud cerebral.
La próxima vez que salgas a caminar, recuerda: cada paso a buen ritmo no solo te lleva más lejos… también está cuidando tu cerebro y tu juventud biológica.



















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